Cuentos para contar.

domingo, 21 de agosto de 2016

El árbol de música

Llevaba meses intentando acabar la partitura que le habían encomendado. Se trataba de una ambiciosa obra en la que llevaba años trabajando, y a la que sólo le quedaba su último movimiento.
Paseaba por el bosque buscando inspiración cuando se puso a llover. Se refugió debajo de un árbol. Vio un resplandor, y a continuación escuchó un trueno; la tormenta estalló encima de su cabeza. Sabía que era peligroso guarecerse de ella debajo de un árbol, ya que sus ramas atraen los rayos, por lo que corrió hacia unas rocas que formaban una pequeña cueva. Empapado y temblando de frío, se sentó en el suelo, encogiendo sus piernas para intentar entrar en calor. Entonces escuchó una bellísima melodía acompañada de percusiones y violines. ¿De donde provenía esa música?, ¿Qué increíble orquesta tocaba de aquella manera bajo la tormenta? ¡Pero lo más increíble, fue que reconoció en aquella música el movimiento final que había estado buscando durante meses para su gran obra!
Salió de la cueva corriendo, y se dirigió al lugar de donde provenía la música. Entonces la tormenta se calmó, y dejó de llover. En ese momento la música paró, dejando al músico desconcertado. Buscó por los alrededores alguna casa o lugar de donde podría haber salido la música, sin encontrar nada.
Al llegar a su casa, transcribió lo que había escuchado en el bosque, y terminó la partitura de su gran obra con gran satisfacción, a pesar del resfriado que había pillado.

La obra fue un gran éxito, pero el músico estaba inquieto, ya que el último movimiento no lo había compuesto él.
Se dirigió de nuevo al bosque donde escuchó la melodía, y se sentó en la cueva como la vez anterior.
De nuevo, una tormenta rompió el cielo en mil pedazos, y la música volvió a sonar.salió corriendo de la cueva, y se dirigió hacia donde procedía la música: ¡Era un árbol! El viento se colaba por sus ramas huecas produciendo sonidos como de flauta y clarinete, acompañados por rítmicas percusiones al caer las gotas de agua sobre sus gotas, e imaginativas armonías que provenían de la tierra, al rasgar el agua de un río subterráneo las raíces, como si fueran violines y violonchelos. Sacó una libreta y anotó la música que producía el árbol, maravillado por su hermosura.
Fue otro gran éxito, la carrera del músico ascendía como un cohete; no tenía más que acercarse al árbol cuando había tormenta, y copiar la música que de él surgía. Pronto dejó de componer, y se volvió ambicioso y ruin a pesar del éxito.
Se avecinaba una violenta tormenta. Las autoridades dieron la alerta roja, prohibiendo a los ciudadanos salir de sus casas. Pero al músico le habían hecho un importante encargo, y tenía que componer algo como sea.
Haciendo caso omiso a la prohibición, fue al bosque donde se encontraba el árbol de música. Zarandeado por el viento, llegó hasta él: De sus ramas parecían surgir gemidos espantosos, las hojas golpeadas por las gotas con un caótico ritmo acompañaban los chirridos que producían las raíces arañadas por el río subterráneo. Se llevó las manos a los oídos para no escuchar la infernal melodía. Entonces un rayo hirió al árbol, incendiando su tronco, y electrocutando al músico que se encontraba debajo.
Una vez amainada la tormenta, el guardia forestal encontró al músico medio muerto, y le llevó al hospital más próximo.
Pasó dos años en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte, pero milagrosamente se recuperó, aunque no del todo, ya que el rayo le hizo estallar los tímpanos, dejándole sordo.
Aún así, el músico fue capaz de componer, tal como lo había hecho antes de encontrar El árbol de música, y de nuevo el éxito le sonrió.
Nunca desveló su gran secreto; cada vez que había tormenta, se acercaba al Árbol de música, que ahora era un tronco quemado, y escuchaba en su cabeza las más hermosas melodías.

viernes, 12 de agosto de 2016

El niño poesía y el heladero mágico (1) en: "La mascota imaginaria"

Hoy era un día triste, la abuela de Marta acababa de morir, y se celebraba el funeral. En el cementerio todos lloraban; todos menos Marta.

-¡Luci, Luci!, ¿dònde estás?
Marta miró detrás del sillón, en el trastero, debajo de la cama,.........nada, Luci no aparecía por ningún lado. Pasaron los días, y Luci seguía sin aparecer.

En la vieja fábrica de helados, Félix ponía a punto uno de sus últimos inventos. Entonces entró Asier.
- ¿Què haces? - dijo sobresaltando al heladero.
- ¡Por Dios!, ¡eres más silencioso que un gato.
- Lo siento.¿Qué es esta máquina?
- Es "el materializador de fantasías", con ella puedes meterte en las fantasías de los demás.
- ¿Las hace realidad ?
- Crea una realidad holográfica interactiva partiendo de las fantasías del sujeto..............., bueno en definifiva es como si entraras en su cabeza y vivieras sus fantasías.
- ¡Guau!, ¡Qué interesante!
- Si, pero es peligros, podrías acabar atrapado en ellas para siempre.
- ¿Podemos probarla?
- Podemos y debemos, tenemos un caso en el que será necesaria su utilización.
- ¿De qué se trata?
- Ya conoces a Marta, una niña que va a tu colegio.
- Marta.....................esa niña tan reservada.
- La misma, resulta que ha perdido a Luci, su mascota.
- ¿Su mascota?, ¿ y para que necesitamos "El materialización de fantasías"?
- ¡Pues para encontrarla!, ¡como si no!
Asier se quedó extrañado.
- Bueno se me ha olvidado comentarte que Luci es una mascota imaginaria.
- ¡Ah bueno!, ya lo entiendo.
- Marta estará por venir.
En esos momentos sonó el timbre.
Marta entró timidamente en el cuartel general de nuestros héroes.
- Tranquila - le dijo Félix ofreciéndole unos helados. Cuando se tranquilizó, se sentaron los tres en unos butacones, y se pusieron unos cascos que estaban conectados a una extraña máquina con forma de pirámide invertida sobre un cubo: "El materializador de fantasías".
- Ahora Marta tienes que recordar la última vez en la que jugaste con Luci.
Los tres cerraron los ojos. Las luces de la pirámide empezaron a parpadear, y de pronto, se encontraron en una selva; ¡unos nativos les perseguían! Asier se quedó mirando como las lanzas y las flechas pasaban cerca de su cabeza, y se clavaban en los árboles.
- ¡Ala, es superreal! - dijo.
- ¡No te quedes quieto, corre!- grito Félix
- Pero si no es de verdad.
- ¡Es como si lo fuera!, ¡vamos! - dijo el heladero agarrándole del brazo. Marta ya había salido corriendo, Luci, su perrito, le seguía asustado.
La jungla se iba cerrando, la exuberante  vejetación les dificultaba el paso. Tras apartar unas grandes hojas, encontraron las ruinas del un antiguo templo.
- Aquí estaremos a salvo - dijo Marta - los indígenas no se atreven a entrar aquí.
Efectivamente, éstos agitaban sus lanzas y gritaban en las lindes del templo.
- Es aquí donde se perdió Luci -le preguntó a Marta Félix mientras recuperaba el aliento.
- Si, ahora saldrá corriendo como si algo le asustara.
Y así ocurrió.
- ¡Pues a buscar! - dijo Félix - iremos cada uno por un sitio para abarcar todas las ruinas. Nos reuniremos aquí. ¡En marcha!
Al rato, se reunieron en el punto que habían acordado.
- ¿Habéis encontrado algo? - Preguntó Félix.
- Yo no - dijo Asier - pero vi una extraña estatua que me causó impresión. Se trataba de una especie de demonio con alas de murciélago, cuerpo de serpiente y 6 brazos; llevaba además una horrible máscara.
- ¡El devorador! - gritó Marta asustada - ¡ Ha sido él! ¡se ha llevado ha Luci!
- Tranquila Marta, ¿Quien es El devorador?
- Es un demonio intergaláctico que se alimenta de almas.
- Llévanos hasta la estatua Asier.
Fueron los tres hacia allí, Mata se encontraba visiblemente alterada.
La estatua era realmente conmovedora. De pronto, dos luces rojas empezaron a brillar en los orificios de los ojos de la máscara, y los seis brazos que salían del cuerpo de serpiente empezaron a moverse.
- ¡ Está volviendo a la vida! - gritó Asier.
El demonio empezó a lanzar rayos por los ojos, destrozando ramas que caían sobre nuestros amigos. Corrieron hacia unos grandes setos, que formaban un laberinto, donde perdieron de vista al demonio, y donde ellos, también se perdieron.
Andaron durante mucho tiempo entre los grandes setos, dando vueltas y más vueltas, hasta que llegaron a un muro que les impedía seguir. De pronto, entre los setos, aparecieron zarzas, que crecían y crecían. Estas aparecían por todas partes, rodeándoles, y amenazándoles con insertarles en sus espinas como espadas.
- ¡Vamos hacia allí! - gritó Marta señalando una campanilla de tamaño gigantesco.
Marta llegó la primera, y saltó dentro de la flor. Asier y Félix se miraron sorprendidos, y al ver los afilados pinchos que amenazaban con convertirles en pinchos morunos, saltaron también dentro de la campanilla.
Fue como bajar por un larguísimo tobogán a toda velocidad.
Los dos rodaron por el suelo. Al levantar la vista, vieron a Marta que miraba fijamente un gran cartel:
" Divertilandia, el centro comercial más divertido."
- ¡Entremos, venga! -  dijo entusiasmada.
Dentro había de todo: Chuches, juguetes, disfraces, txiki-park, cine, Mc Donals, ¡y todo gratuito!
Ah!, y tienda de mascotas, donde fueron a buscar a Luci. En ella había todo tipo de mascotas: monos, cocodrilos, serpientes, unicornios, dragones,¡hasta dinosaurios!, pero ni rastro de Luci.
Mientras Marta se divertía en el txiki-park, Félix y Asier comían hamburgesas en el Mc donals.
- Es como si en realidad tuviera miedo de encontrar a Luci - comentaba Asier, al ser capaz de ver sus emociones con su superpoder.
-  Es posible.tenemos que estar muy atentos a lo que sienta, y hacer todo lo que ella quiera hacer, aunque nos parezca extraño.
Al rato, se dirigieron a Información, Marta pensó que quizás allí les podrían decir algo.
Siguieron las señales hasta unas escaleras que llevaban a  un piso superior donde se veía desde todas partes un gran cartel donde ponía Información, allí debería estar la oficina. Pero eran unas escaleras muy extrañas, cada vez que subían un peldaño, éste bajaba, y se quedaban en el mismo sitio, y cuanto más rápido querían subir, más rápido bajaba el peldaño.
- Es imposible subir - dijo Marta frustrada. Entonces, se abrió una trampilla al principio de la escalera, y éstas empezaron a bajar, como si fueran mecánicas. Pasaron entre extraños mecanismos y engranajes, y siguieron bajando.
- ¿Hacia donde vamos? - peguntó Asier - Marta está aterrada.
- No es para menos, creo que estamos bajando al subconsciente. ¡Quien sabe lo que nos espera allí!
Llegaron hasta un bosque con un extraño paisaje ¡donde crecían brócolis y tenedores gigantes!
- ¿Qué significará esto? - dijo el heladero.
- Recuerdo que una vez Marta se pinchó con un tenedor en el comedor, y todos se rieron de ella.
- Ya claro, y odia el brócoli como todos los niños.
Entonces escucharon un ladrido.
- ¡Luci, es Luci! - grito Marta mientras corría hacia el lugar del que provenían los ladridos.
De pronto el suelo empezó a temblar, y la tierra se abrió, surgiendo de ella "El devorador". Su tamaño era gigantesco.
- ¡Correr! - gritó Félix.
Pero el monstruo les atrapó con sus seis brazos alzándolos por encima de su cabeza.
- ¡Marta! - dijo Asier - tienes que quitarle la máscara.
- ¡No puedo, no puedo!
Una enorme boca con varias filas de dientes se abrió en el pecho del devorador, y hasta allí acercó su mano con intención de tragarse al  heladero.
- ¡Vamos Marta, tienes que hacerlo, o nos comerá a todos, sólo tú puedes hacerlo! - insistió Asier.
- ¡Basta! - gritó Marta.
El devorador le miró extrañado, entonces Marta agarró la máscara que cubría su cara y la arrancó.
Detrás se encontraba el rostro dulce ya arrugado de su abuelita, y con un fogonazo que cubrió al devorador, su cuerpo de serpiente se convirtió en el frágil cuerpecito de la anciana.
La abuela y la niña se fundieron en un fuerte abrazo.

- Ahora si que podemos dar por zanjado el caso - decía Félix
- No creas, Luci a vuelto a desaparecer.
- Si pero ya no creo que le importe.
Marta antes de dormirse, cogió la fotografía que tenía en la mesilla en la que se encontraba abrazada a su abuela, y después de besarla la puso de nuevo en su sitio.

(1) El niño que inventaba palabras y el hombre que las entendía




sábado, 23 de julio de 2016

Disneyland

Fueron las mejores vacaciones de mi vida. Mi prima Lauri y yo fuimos a pasar unos días con mis padres a un camping cerca de París. Lo que no sabíamos era que a media hora de allí ¡se encontraba Disneyland!
Al día siguiente de llegar al camping nos dijeron que íbamos a ir a un lugar muy especial donde lo pasaríamos en grande. Ya en la carretera, había carteles con el rostro de Mickey, lo que nos ilusionó, pero cuando vimos delante de nosotros los mágicos torreones del palacio de La Bella Durmiente, pasamos de un estado de absoluta perplejidad a otro de excitación máxima.
¡Era todo increíble! : La casa de Peter Pan, La Cueva de los Piratas, El Laberinto de Alicia,............¡estaban todos!, princesas, brujas, enanos...................
Nos montamos en todas las atracciones: Tazas que daban vueltas y vueltas, Dumbos voladores que subían y bajaban a nuestra voluntad, barcas navegando entre música y muñecos que bailaban, trenes que circulaban a toda velocidad, y el majestuoso tiovivo del rey Arturo, con los más poderosos y bravos corceles que habíamos visto nunca, lanzados a pleno galope.
Hubo dos momentos realmente mágicos, cuando vimos el espectáculo de Fronce, en el que vestidas de Elsa cantamos junto a ella y Ana las canciones de la película, y cundo fuimos invitadas a la mismísima casa de Mickey, ¡donde nos recibió en persona!
A media tarde, nos sentamos en una mesa, rendidos, a tomar un helado y recuperar fuerzas.
- Oye Lauri - le dije a mi prima - ¿Donde dormirán las princesas? Seguro que en el hotel que hemos visto a la entrada. Aunque Elsa pasará calor, a ella le gusta la nieve.............
- ¡No seas tonta!, ¡no son princesas de verdad!, ¡son actrices!
- ¡No!, ¡son reales, igual que Mickey y los demás!
- No discutáis chicas - dijo mi madre.
- ¡Mamá! ¿verdad que son reales?
- Bueno.........no se.
Una vez terminados los helados, fisgamos en las tiendas, acabando cargados de bolsas con vestidos camisetas, tiaras, chuches,..........,¡era todo tan bonito!
Yo, seguía en mis trece;
- Pues Elsa debe de tener el aire acondicionado a tope, y un congelador gigante para Olaf.
- ¡Que no son reales! - gritó Laura. Entonces tuve una gran idea;
- Podríamos seguir a la cabalgata cuando termina, y así podríamos ver donde viven.
- ¡ Estás loca...........!, bueno está bien, haber si así te caes del burro.
Y así lo hicimos.
Con una pegadiza y emocionantísima canción que invitaba a bailar, empezó la cabalgata; las hadas que parecían flotar sobre el suelo abrían paso a las carrozas, donde desfilaron todas las princesas y los demás personajes, sin parar de bailar y saludar a todo el mundo con gran simpatía.
Aprovechando que mis padres se afanaban en grabar el desfile con el móvil, nos colamos en la carroza del Rey león, escondiéndonos entre unas grandes hojas.
- ¡Nos la vamos a cargar! - dijo Lauri. Yo también tenía miedo, pero era más fuerte mi curiosidad.
- No te preocupes, merecerá la pena - le dije.
Lo que os voy a contar ahora, pocas personas lo saben, ¡es un secreto!; peo no me puedo aguantar, además dice Lauri que nadie me creerá, y es mejor que así sea.
Las carrozas pasaron por una gran puerta por la que se salía del parque, y por la que no dejaron pasar a nadie. Desde nuestro escondite vimos como Mougli, Bagera y los demás, dejaban de bailar y sonreír, y hablaban entre si. Se les veía cansados. La música dejó de sonar, y avanzamos unos metros por un camino rodeado de grandes árboles, hasta llegar a una enorme piedra. Entonces, Adalino se adelantó y dijo en voz alta:
- ¡Abrete, sésamo!
La enorme roca rodó sobre si misma, dejando a descubierto una cueva de la que surgía una intensa luz.
Lo que allí vimo, superaba con creces todo lo visto en el parque, incluso nuestros más disparatados sueños:
Grandes puertas daban paso a los mágicos reinos de las princesas. Junto al reino helado de Fronce, se encontraba el palacio de La Bella y Bestia, al lado del País de Nunca Jamás y la sabana del Rey León......
y cada carroza se adentró en su reino, donde princesas y demás, disfrutaron de un merecido descanso.
La bronca que nos ganamos cuando volvimos al parque fue monumental, menos mal que Mickey intercedió por nosotros, alegando que nos habíamos perdido.

Las aventuras que vivimos en los reinos de los cuentos merecen una mención aparte; y lo mejor de todo fueron las setas que nos dio el gato de Alicia, con las que podemos volver a ellos siempre que queremos, o volando de la mano de Peter Pan, en la alfombrar de Jazmín, dando un silbidito.....................



viernes, 17 de junio de 2016

Calabaracín (el niño que creció de una calabaza): La granja

¡Hola!, soy un niño de seis años, pero soy un niño un tanto especial. Mi nombre es Calabaracín, ¿Sabéis porqué?, ¡porque nací de una calabaza!, lo que oís, el granjero cogió una enorme calabaza que crecía en su huerta para hacerse un pastel, la abrió ¡y se encontró conmigo!, como pulgarcita, que creció de una flor; pero no creo que fuera por el hechizo de un hada. Salí de la calabaza ya crecido, aunque no sabía nada de nada, no había ido al colegio para aprender, y todo era nuevo para mi. El granjero que me encontró andaba  muy ocupado con sus vacas, ovejas, tomates, lechugas y demás, por lo que no tenía tiempo para enseñarme nada, y la verdad, tampoco era muy listo. Tampoco tenía dinero para mandarme a la escuela, por lo que tuve que aprender todo por mi mismo.
Pero empecemos por el principio. El día en el que me encontró Fred, que así se llamaba el granjero, me dijo muy serio:" Hijo, soy un hombre muy ocupado, por lo que no voy a poder atenderte, pero aquí tendrás siempre un plato caliente y una cama mullida".
Es un buen tipo, aunque un poco corto de entendederas. Se levantaba con el sol, y se ocupaba de todas las tareas de la granja hasta que se volvía a poner, acostándose rendido de tanto trabajar. Yo procuraba molestarle lo menos posible, y aprender por mi mismo tantas cosas maravillosas que me rodeaban.

Me fascinaban las vacas; se notaba que eran las más sabias y respetadas. Con movimientos pausados, movían sus voluminosos cuerpos por los pastos, preocupadas únicamente en comer hierba. Pero cuando te acercabas, se te quedaban mirando con esos grandes ojos, profundos, que parecían conocer todos los misterios del universo...............
En segundo lugar, por rango de importancia, estaban los caballos: ¡Qué porte!, ¡qué majestuosidad!, sobre todo cuando trotaban por el prado con las crines al viento. Eran como príncipes altivos, pero como ellos, impetuosos e ingenuos.
Pero allí los que manejaban el cotarro eran los cerdos; fuertes y agresivos, retozaban por el barro después de devorar todo lo que veían sus ojillos codiciosos. Era mejor no entrometerse en sus asuntos, podías acabar con un buen mordisco, o un pisotón.
Las orgullosas cabras, también tenían su parcela de poder, pero su individualidad les volvía más débiles.
Las ovejas y las gallinas ocupaban lo más bajo del escalafón social., tímidas las primeras y asustadizas las segundas, correteaban todo el día por la granja en busca de alimento, siempre con el corazón en un puño.

viernes, 10 de junio de 2016

Nassem y las gafas mágicas (3)

Algo increíble sacudió los monótonos y grises días del campamento; un afamado director de cine fue allí para filmar escenas de un documental que estaba realizando. El director, en bermudas y chaleco, daba instrucciones al cámara y a los técnicos de sonido, que se afanaban en su labor ante el tumulto de curiosos que se agolpaban alrededor de ellos. Nassem, que se encontraba a unos metros, vio como el director llamó a alguien de entre la gente; se trataba de Abdul. Le dijo unas palabras, y subieron los dos al helicóptero en el que había llegado el famoso director, alzando el vuelo y ahuyentando a la muchedumbre con los remolinos que levantaban las hélices.
Nassem se llevó la mano al bolsillo donde llevaba las gafas mágicas, y como se había imaginado, no estaban allí: Abdul se las había robado.

La situación de los refugiados Sirios no cambiaba, por la indiferencia de los mandatarios europeos, Y la vida en el campo de refugiados de Lesbos se volvía cada vez más insostenible. Pero Nassem no se rindió, y saliendo del círculo vicioso en el que habían caído la mayoría de sus compañeros, se propuso ayudar a las personas que le rodeaban en todo lo que pudiera. Así, llevaba comida a una anciana que casi no  podía andar, cuidaba en la enfermería a un hombre enfermo que no tenían a nadie que le acompañase, e incluso enseñó a leer y escribir a un niño huèrfano como él.
Al cabo de un tiempo, fue enviado a una casa de acogida junto con otros niños huérfanos, y allí fue adoptado por un matrimonio alemán, que cuido de él e incluso le procuraron estudios. Fue a la universidad, donde estudió derecho, y cuando se licenció, fundó una asociación para ayuda a los refugiados de guerra, que tuvo un gran reconocimiento internacional por la intensa labor que realizaba Nassem.
También conoció una chica con la que se casó y tuvo 2 hijos, formando así la familia que había perdido en el bombardeo.

Nassem se encontraba dando una conferencia sobre derechos humanos en la universidad de harvard. Cuando terminó, entre los aplausos  y el reconocimiento del público, se le acercó un hombre de su misma nacionalidad, que escondía su rostro marcado por los excesos en unas gafas oscuras.
- Nassem, hermano, ¿Me recuerdas? - le dijo.
- ¡Abdul!
- Veo que te va bien.
Se dieron un emotivo abrazo.
- ¿Qué me cuentas?
Abdul se quitó las gafas; vio en sus ojos el cansancio y la derrota.
- No me ha ido tan bien.
- ¿No ganaste un Oscar?
- Si, el director que me descubrió en el campamento de refugiados me dio un papel en una de sus películas, y si es cierto que gané un Oscar, y me hice muy popular,pero caí en las drogas y el lujo, sabes, podía conseguir todo lo que quería..............pero no sabía en realidad lo que quería. Veo que tu si.
- ¿Puedo ayudarte?
- No, no, gracias. Quería devolverte algo.
Abdul sacó unas gafas del bolsillo de su cazadora, cuyo estuche reconoció al instante, y se las dio.
- No me han servido de mucho. Perdona.
Y se marchó con lo mirada baja.
Nassem abrió el estuche, y  sostuvo las gafas en su mano un instante. Luego las guardó y se las metió en el bolsillo. Nunca más volvió a ponérselas, no le hizo falta.



viernes, 3 de junio de 2016

Nassem y las gafas mágicas (2)

Aquella noche Nassem y abdul durmieron en una mullida cama, con la tripa llena.

Al día siguiente Bart les enseñó el barco. Les llevó a la sala de máquinas, donde los grandes motores mugían a pleno rendimiento, incluso estuvieron en la cabina de mando, donde el timonel gobernaba el barco y el capitán impartía las órdenes oportunas.
Después de comer, se sentaron en unas tumbonas para tomar el sol.
- Esto es vida, eh Nassem!, las gafas funcionan a la perfección.
Pero Nassem no parecía contento.
- No se, acuérdate de nuestros compañeros, ellos lo están pasando mal, y nosotros............
- La vida es así, algunos tienen suerte y otros no.
- No es justo.
- ¿Quien habla de justicia? Mira yo voy a ser actor, de los de Hollywood, y pasaré por encima de quien sea para conseguirlo. ¿Y tú?
- No lo se - dijo tras pensarlo.
Abdul se recostó en la hamaca y cerro los ojos quedándose dormido. Nassem se acercó a la barandilla del barco para perder la vista en el horizonte. Entonces vino a su cabeza la imagen de su madre, y la de su padre, y su hermano; estaban en la playa, jugando entre las olas, y na luz de esperanza iluminó sus ojos; pero nada sucedió. Se quitó las gafas decepcionado, y las guardó.


El Niessem llegó a la coqueta isla griega de Lesbos, donde descargó su mercancía humana. Les llevaron a un campo de refugiados situado a las afueras de la capital. Se trataba de cientos de tiendas de campaña sobre un suelo agreste, rodeadas de alambradas, que le daba más el aspecto de un campo de concentración que de otra cosa.
Allí las condiciones de vida no eran mejores que las del barco, empeoradas por los grupos mafiosos que se aprovechaban de la ayuda humanitaria para hacer sus propios negocios.
Abdul y Nassem perdían el tiempo con los demás chicos, sin nada que hacer entre las polvorientas calles de campo, fumando pitillos y esnifando pegamento que conseguían al cambiarlos por ropa o alimentos que robaban.
En el albergue donde dormían, había una niña de unos 10 años con un bebé en brazos; este no paraba de llorar.
- ¿No tienes padres? - le preguntó Nassem.
- Si - dijo tímidamente - pero no se donde están.
- ¿Es tu hermano? - le preguntó señalando al bebé.
- Si.
-¿Porqué llora?
- No lo se.
Nassem puso su mano en la frente del bebé, y vio que ardía.
Miró a su alrededor, pero no vio a nadie que pudiera ayudarle. Entonces sacó sus gafas mágicas del bolsillo, y se las puso.
- ¡Porqué llora ese condenado niño! - escuchó - ¡No hay quien duerma!
Un hombre entró gritando en el albergue.
- Es que tiene fiebre señor - le dijo Nassem.
- ¡Maldita sea!
El hombre sacó un móvil e hizo una llamada. Al rato apareció una ambulancia, que se llevó al bebé a su hermana y a Nassem al hospital.
Sabía que en el hospital sucedería algo, y así fue; el padre de la niña había caído enfermo, y se encontraba allí con su madre, y no fue casualidad que ésta se cruzara con su hija entre las numerosas camas que abarrotaban el lugar.

martes, 31 de mayo de 2016

Nassem y las gafas mágicas (1)

El piloto del caza apretó el botón y el misil salió disparado hacia su objetivo, alcanzando el edificio de 6 plantas en el que vivía Nassem. En ése momento, se encontraba jugando en la calle, y la onda expansiva hizo que saliera por los aires, dejándole sin sentido. Menos suerte tuvieron sus padres y sus hermanos, que comían en la casa cuando cayó la bomba. Cuando despertó se encontró rodeado de escombros. Buscó a tientas sus gafas, pero solo encontró las monturas, dobladas de una forma inverosímil.

- ¡Nassem despierta, nos vamos!
El zarandeo de Abdul le llevó de nuevo hasta el albergue de la cruz roja donde dormía. Se incorporó aturdido del jergón, y buscó sus gafas. Recordó que se le habían roto en el bombardeo. Entre la niebla provocada por la miopía, comprobó que el ajetreo era considerable.
- ¿Qué pasa? - preguntó.
- ¡Se acercan los terroristas!, ¡nos llevan a otro sitio!
Estos habían traspasado las defensas de la ciudad. Los voluntarios de la Cruz Roja agrupaban a los niños para llevárselos en el carguero Niessel, rumbo a Europa.
Las calles estaban desiertas, las pocas personas con las que se cruzaban andaban apresuradas y nerviosas, se respiraba una tensa calma.
Nassem, desorientado sin sus gafas, se separó del grupo, perdiéndose entre las estrechas calles del casco antiguo. Dándose cuenta de la situación, llamó a gritos a Abdul, pero nadie respondió. Con un nudo en el estómago y el corazón martilleándole el pecho, se sentó en el suelo, apoyando la espada en una pared desconchada.
- Parece que hayas visto un fantasma - escuchó.
- Me he perdido.
Nassem intentó distinguir el rostro del que venía aquella voz.
- Ven acompáñame, tengo algo para ti, veo que has perdido tus gafas
El hombre llevaba una túnica de color carmesí y sonrisa risueña. Su cuerpo orondo se movía ágil entre las callejuelas, Nassem tenía que correr para seguirle.
Llegaron a un bazar destartalado, atestado de objetos y cachibaches; desde telas de lino hasta móviles y bebidas.
- Deben de estar por aquí -dijo el hombre mientras hurgaba entre los cajones del mostrador - ¡aquí están!
Sacó una pequeña caja de madera en las que estaban inscritas unas palabras en un antiguo dialecto árabe, y extrajo de ella unas gafas con unos cristales redondos extremadamente gruesos, engarzados en una montura dorada.
- Estas te vendrán bien, pero debes ponértelas sólo cuando aquello que veas no te guste en absoluto, y quieras verlo de la forma que tu quieras.
- Pero yo necesito gafas todo el tiempo.
- Ah bueno...........pues ponte alguna de éstas.
Abrió un cajón lleno de gafas, y Abdul se las probó hasta dar con las que le venían bien.
- ¡Venga corre, el barco está apunto de zarpar! - le apresuró el hombre.
Nassem salió corriendo. Al rato se dio cuenta que no sabía hacia donde iba, y que seguía perdido.
Entonces abrió la caja de madera que continuaba en su mano, y se puso las extrañas gafas que contenía. Nada parecía haber cambiado, cuando escuchó la sirena de un barco. Fue hacia allí, y sin saber como, se encontró en el puerto, donde distinguió la silueta del Niessem amarrado a la dársena, y a su amigo Abdul, que junto a sus compañeros, subía por la escalinata del carguero para embarcar en él.

El Niessem cruzaba las aguas del Mediterráneo con su cargamento humano. Además de los niños del orfanato, se amontonaban en sus bodegas familias enteras que huían del horror de la guerra, ayudados por la labor humanitaria de  la Cruz Roja.
Les dieron una manta, una pastilla de jabón y un plato de aluminio, y delimitaron una parte del barco de la cual no podían pasar. Comían una vez al día y se lavaban con una manguera de agua fría. Por la noche, la mayoría bajaba a la bodega para guarecerse del frescor nocturno.Nassem y abdul se quedaban en cubierta, y tapados con sus mantas, volaban entre las estrellas, lejos, muy lejos de allí.
Una noche en la que las estrellas parecían hablarles, Nessem le contó a su amigo lo que le había sucedido antes de embarcar, y le enseñó las gafas mágicas.
- ¿Porqué no las usas? - le preguntó Abdul extrañado.
- No se.............me da miedo.
- Venga, póntelas y haber que sucede.
Se las puso.
- No parece que pase nada - dijo Abdul impaciente. Nassem se encogió de hombros.
Entonces un hombre se les acercó.
- Chicos, ¿conocéis a Nassem?, Nassem Tayeb.
- Soy yo - respondió éste sorprendido.
- ¿Es tu amigo? - dijo el hombre señalando a Abdul.Nassem asintió.
- Pues seguidme.
Salieron de la zona donde se hacinaban los refugiados, y les llevó por unos estrechos pasillos hasta la cocina del barco.
- Supongo que tendréis hambre - les dijo - ¡Chang, ponles algo caliente a éstos chicos!
Chang el cocinero del barco, les calentó una sabrosa sopa de fideos con gallina.
Mientras los dos amigos daban buena cuenta de la sopa, el hombre se sentó con ellos en la mesa.
- Conozco a tu padre - le dijo a Nassem - es un gran tipo, hemos hecho buenos negocios. ¿Como anda?
- Murió.
- ¡Vaya, lo siento! ¿Está tu madre a bordo?
- También a muerto.
El hombre guardó silencio. Su aspecto era serio.
- ¡Maldita guerra! - rumió.
- Cuando terminen llévales al camarote de babor Chang. Si tenéis algún problema preguntar por mi. Soy Brat, el segundo de abordo.
Les dio unas palmadas en los hombros y se marchó.