Cuentos para contar.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Baxi

Estaba oscureciendo, se había lebantado un fuerte viento que hacía temblar a todas las hojas de los árboles, en el cielo la luna asomaba su pálido rostro.
- ¡Vamos, corre! - le apremiaba Antxón a Uxúe - ¡está anocheciendo!
- ¡Voy todo lo rápido que puedo!
Al rato Uxúe se paró.
- ¿Qué haces? - le gritó Antxón.
- ¡No puedo más!
Escucharon entonces un terrible ahullido, y alguien o algo saltó de la rama de un árbol cayendo delante de ellos. Los niños corrieron espantados hasta llegar a casa.

- ¡De verdad que lo vimos! - decía Uxúe en el patio del colegio.
- ¡Y casi nos coje! - apuntó Antxón.
Se formó un corro alrededor de ellos.
- ¿Cómo era? - les preguntaron.
-¡Horrible!; tenía cuernos enormes y una boca con 4 filas de colmillos, en vez de pelo estaba cubierto de serpientes, con alas de murciélago y garras en vez de manos y pies.
- ¡Era "El Basajaun" (1)!
- Pero conseguimos escapar, ¡nos habría devorado si nos pilla como hace con el ganado!
Los niños se estremecieron de sólo escucharlo.

Leire y su familia subían por la sierra buscando el lugar ideal para acampar, y ve5r la lluvia de esdtrellas que todos los años se producía en aquellos días. El cielo eltaba sdespejado, y prometía un espectáculo digno de verse. Montaron la tienda de campaña y dieron buena cuenta de la tortilla de patatas que habbían llevado poara cenar. Después jugaron a cartas y contaron historias hasta que les entró sueño.
Esto era lo que más le gustaba a Leire, que con su imaginación se inventaba increíbles historias. El aita, contó una de miedo:
"Os voy a contar una leyenda que leí en internet buscando información sobre el lugar en el que estamos: La leyenda del "Basajaun".
"El Basajaun" es un ser mitológico, el señor del bosque, protector de la naturaleza. Es grande y posee una fuerza y agilidad extraordinarias. Su pelo y su barba le cubren todo el cuerpo hasta llegar al suelo, y uno de sus pies tiene la forma circular de una pezuña.
Cuentan que en un principio protegía a los rebaños de los lobos, y avisaba de las tormentas dando grandes ahullidos. Pero fue traicionado por los hombres, que le robaron el secreto de la fabricación de la sierra, del eje de molino y la técnica para soldar metales. Desde entonces se conbirtió en un ser maligno que provocaba plagas e inundaciones, e incluso devoraba los rebaños de los hombres."

-¡Guau, que buena historia!
- ¡Shhhhhhhhh, e oído un ahullido ahí fuera!, ¡Quizás sea "El Basajaun"!
- ¡Qué miedo!
- Venga vamos a dormir, que no tenemos mucho tiempo para descansar.
El aita puso el despertador a las 3 de la mañana, la hora en la que estaba anunciada la lluvia de estrellas, y se durmieron con el sonido de los grillos y las aves nocturnas.

A las 12 de la noche, Leire se despertó con ganas de hacer pis. Salió de la tienda y buscó un árbol donde agacharse y aliviar la bejiga. Entonces vio como se movían unos matorrales, y es cuchó un balido. Se acercó, y un corderito salió corriendo para esconderse tras unas rocas.
- No tengas miedo - dijo Leire acercándose muy despacio. Pero el corderito estaba muy asustado, y volvió a escapar. Pero el corderito no escapaba sólo de ella: Un gruñido sonó a su espalda, y luego el ruido de muchas patas saltando sobre la tierra. Una sombra cruzó veloz delante de ella, las ramas secas crugían por todas partes. Vio entonces una manada de lobos rodeando al corderito.
Leire cogió una rama del suelo, y agitándola gritó:
- ¡Eh, venir a por mi!
Los lobos en principio se asustaron, pero enseguida se dieron cuenta de que tenían otro plato en el menú.
Leire corriió hasta unos árboles, y agilmente subió por uno de ellos. Los lobos rodearon el árbol; gruñían y saltaban intentando subir.
Pasó el tiempo, los lobos no desistían, y la rama en la que estaba Leire empezó a ceder por el peso. Intentó agarrarse a otras ramas, pero fue resbalando hasta caer. Pero no cayó al suelo; 2 brazos fuertes y peludos le habían atrapado en el aire, que cuidadosamente le dejaron en el suelo, y estos brazos se alzaron amenazantes hacia los lobos. Después se oyó un terrible ahullido que estremeció hasta a las piedras, y los lobos salieron despavoridos.
Leire se acercó a la terrible presencia.
- ¿Eres "El Basajaun"?, ¡Guau que grande eres! - Los pequeños ojos que brillaban en la oscuridad le miraron sorprendidos - No pareces tan malo como te pintan.
-¡No soy malo! - Bramó - ¡Los hombres sois ruines y traicioneros!
- No todos, hay algunos malos, eso es todo.
"El Basajaun" se sentó en el suelo.
- Quizás tengas razón - dijo - he visto lo que has hecho para salvar al corderito, poniendo en riesgo tu propia vida.
- Ves, no somos tan malos ¡eh Baxi! -  le dijo dándole un codazo.
- ¿Baxi?
- Te llamaré así, es más corto, ¡y más chuli!
La sonrisa tierna y sincera de Leire le hizo sentir lo mucho que había amado al hombre en otros tiempos.
- Creo que tendré que replantearme mi actitud ante vosotros - dijo pensativamente - pero ahor me temeis, ¿como vais a volver a confiar en mi?
- Déjame pensar - dijo Leire.
Al poco tiempo dio un brinco.
-¡Ya lo tengo!, ¡construiremos un parque de atracciones, es algo que le gusta a todo el mundo!
Baxi le miró incrédulo
- ¡Tú déjame a mi! - continuó Leire - pero antes vamos a buscar al corderito, su madre tiene que etar muy preocupada.

Así fue como "El Basajaun", Baxi, se puso manos a la obra, y con las indicaciones de Leire, crearon un parque de atracciones lleno de diversiones en pleno bosque, con grandes tirolinas, paseos a caballo, rocas para escalar, grutas subrerráneas, juegos para niños,....................
Fue un grandísimo éxito,y se llenó de familias y amantes de la naturaleza que se lo pasaban en grande, y Baxi se conbirtió de  nuevo en amigo de los hombres y protector de la naturaleza.

Un ahullido volvió a oirse desde la profundidad del bosque antes de cada tormenta, y Leire se acercaba allí todos los años para ver la lluvia de estrellas con su familia y Baxi.


(1) Mitología vasca



viernes, 9 de septiembre de 2016

La ciudad de los deshechos

El psicólogo, con las piernas cruzadas, le miraba sin decir nada.
"¡Que tío más raro!" - pensaba Yon.
- ¿Qué sientes? - le preguntó.
- No se.
De nuevo el silencio.
- ¿Qué piensas?
- Nada.
Un nuevo silencio.
- No tienes muchos amigos ¿verdad?
- No.
- Te gusta construir cosas ¿no es así?
- Si.
- Pero no está bien pasarse todo el día en tu cuarto con tus cacharros.
- ¿Porqué?
- Bueno............tienes que jugar con otros niños, relacionarte................ Te apuntaremos a un club de tiempo libre, verás que divertido.
Yon salió del despacho del psicólogo. Su madre le esperaba fuera.
- ¿Qué tal cariño?
- Bueno.
- ¡Verás como entre todos superamos esa maldita timidez!, verdad cariño.
Yon asintió sin gana.
- Ahora tengo que hacer unos papeleos, vamos.

Yon se aburría soberanamente en la oficina.
"Soy un superhéroe"- pensó subiéndose al banco.
- ¡Siéntate bien!- le recriminó su madre.
Cogió unos panfletos que había en una estantería; "encontraré el mapa del tesoro"- pensó revolviéndolos.
- Con eso no se juega niño - le dijo el vigilante de seguridad.
Se acercó a la máquina de tíckets; "conduciré mi nave espacial lejos de los alienígenas" - pensó apretando los botones.
- ¡Yon, por Dios, estate quieto! - le volvió a regañar su madre, a la que le llamaron de una de las mesas.
- ¡No te muevas de aquí! - le gritó.
Yon miró a su alrededor; en una de las baldosas se podía leer algo. Se acerco: "no pisar" ponía, y sin pensárselo, saltó sobre ella.
La baldosa le tragó, y atravesó un largo túnel de luces brillantes hasta un extraño lugar. Había árboles, flores, vacas,..... pero ¡formados por deshechos!  Plásticos, latas, cables, móviles y demás. daban forma a todo lo que allí había.
De pronto escuchó un grito: - ¡El montador, dios mío!, ¡debo estar soñando!
Se trataba de una especie de robot humanoide formado, como todo lo que había allí, por desperdicios:
Su cabeza era un microondas con dos móviles como ojos, y su cuerpo una lavadora de la que salían tubos y cables formando sus piernas y brazos. Sus manos eran tenedores y cucharas roñosos, y sus pies grandes latas de conservas.
- Tranquilo, soy sólo un niño. Me llamo Yon.
- ¿No eres El Montador? Los libros sagrados dicen que es un humano.
- No, yo pisé una baldosa y acabé aquí.
- ¡Vaya! que yo sepa nadie a visto por aquí a un ser humano nunca.
- ¿Qué sitio es éste?
- El País de los Deshechos. Creo que es evidente.
- ¡Está todo hecho con deshechos!
- Claro, El Montador coge las piezas del Gran Vertedero, y lo crea todo; coches, casas, árboles, personas.........
- ¡Vaya!
- Venga. vamos a la ciudad, te la enseñaré. Por ciento, me llamo Tras.
- De acuerdo Tras, vamos.
Si el campo era fascinante, la ciudad era algo extraordinario, ¿os lo podéis imaginar?: Coches formados por lavadoras y televisores, casas cuyos muros eran un conglomerado de plásticos, latas y botellas, ¡y personas!, que parecían robots destartalados.
A sugerencia de Tras, yon se cubrió con plásticos y cables para no parecer un ser humano de carne y hueso, ya que provocaría un gran revuelo.
- ¡Todo esto es increíble! - comentó Yon - pero debo volver a casa.
- ¿Volver?, pues no se como, sólo los Seres Puros, dicen que vienen de allí.
- ¿Seres Puros? - Tras no respondió - ¿Tras?, ¿Que te sucede? - le dijo dándole una pequeña sacudida.
- Nada, nada, será el chip. Todos tenemos uno con la fecha de nuestro apagado, y cuando esta queda cerca, empezamos a fallar hasta que nos apagamos del todo, ¡es ley de máquina!
- No te preocupes, te puedo arreglar, se me da bien.
- No amigo, cuando nos llega el momento, ¡El Destructor viene con su Carro de Fuego y nos devora!, ¡es nuestro sino! Pero bueno, ¿en qué estábamos?............a si, los Seres Puros. Pues bien, son seres hechos de un mismo material, y vienen del país de los hombres, como te decía. Además, su existencia no es más que un mito, aunque hay quien dice haberlos visto.
- podríamos buscarlos, pero antes probaré con el móvil, quizás tenga cobertura.
Yon sacó el móvil de su bolsillo.
- ¡Guarda eso! - gritó Tras - poniendo la mano sobre él, y mirando para todos los lados - ¿funciona?
- Si claro, lo acabo de cargar.
- ¡Shhhhh..............!
- ¡Vaya, un móvil que funciona por si solo! - escucharon detrás de ellos; un ser con un monitor de ordenador en la cabeza, y varias tostadoras como cuerpo, les hablaba - Tengo la mala costumbre de escuchar las conversaciones ajenas, y creo que podría ayudaros. Conozco a alguien capaz de establecer contacto con lo Seres Puros. Venir conmigo.
Les llevó por unos callejones hasta un edificio, que parecía incluso más destartalado que el resto de la ciudad. Subieron hasta una oscura habitación.
- Esperar aquí - les dijo.
- Tras un momento, le hizo pasar a otra habitación aún mas siniestra; llena de botellas con velas dentro que colgaban del techo, motores polvorientos por el suelo, y engranajes grasientos en las paredes.
- ¡Queréis contactar con los Seres Puros! - dijo una voz de sierra eléctrica acatarrada, proveniente de un  enorme cacharro, que parecía un camión que se había estrellado con una ferretería.
- ¿qué queréis de ellos?
- Queremos ir al mundo de los hombres - dijo Tras tartamudeando.
Se produjo un inquietante silencio.
- Yo, Nex, El Elegido, os ayudaré.Tenéis un móvil que funciona por si mismo, ¡dádmelo!
Yon se lo dio. lo miró entusiasmado, lo guardó, y volvió a mostrar su expresión más grave.
- Bien, ahora formaremos un círculo; ¡agarraros las manos!
Así lo hicieron. Nex cerró los ojos y miro hacia arriba.
- ¡Seres puros, cuya sustancia impoluta forma vuestra esencia, yo os invoco!
De pronto apareció en medio un ser hecho de cristal.
- ¡Que queréis, formas impuras! - dijo.
- Dinos como llegar al mundo de los hombres.
- ¡El único acceso al mundo de los hombres es El Gran Vertedero!
Y desapareció tal como había aparecido.
- Ya lo habéis oído - dijo Nex cuando salió del trance - Suerte - añadió sonriendo.

Tras temblaba al salir de la casa.
- ¡Un ser puro!, ¡era un ser puro! - decía ensimismado.
- No se que decirte, yo creo que era un holograma, me pareció ver como un parpadeo en el que desaparecía y volvía a aparecer aquel supuesto ser puro.
- De todas formas nadie puede entrar en El Gran Vertedero.
- ¡Por qué!
- ¡Es la mayor herejía que se puede cometer!, ¡Sólo desmontado se puede entrar!
Yon se quedó pensativo.
- Pero yo si podría entrar, yo no soy como vosotros.
- No se, no se..........
- Dime como llegar, a mi no me sucederá nada.
Tras llevó a Yon hasta las afueras de la ciudad; el sol formado por bombillas de todo tipo, dio paso a una luna de luces de neón.
- Mira - dijo Tras - ¿Ves aquellas montañas que se distinguen a lo lejos?; es El Gran Vertedero.
- ¡Es enorme!
- A crecido de forma desmesurada los últimos años, mientras que la ciudad está desapareciendo.
- Quizás hay alguna relación entre el crecimiento del Gran Vertedero y la desaparición de la ciudad.
- ¡Claro que la hay!, ¡El Montador nos ha abandonado!, ¡somos unos pecadores!
- ¡Venga hombre!, esa no será la razón.
Tras miraba el suelo desolado.
- Descubriré la causa de todo ésto, no te preocupes. - le dijo para consolarle.
- Bueno amigo, que tengas suerte, y El Montador te acompañe.
Se dieron la mano.
- Bueno Tras, me tengo que ir - pero Tras no le soltaba - ¡Tras, que te sucede! - se había quedado paralizado.
- El chip...... - consiguió decir antes de fundirse las luces que iluminaban su rostro.
Entonces todas sus piezas se soltaron, formando un montón en el suelo.
- ¡Tras!
Yon escuchó un ruido de motores, y apareció entre el humo un camión de la basura ¡Qué echaba fuego por loas turbinas que llevaba en la parte trasera!.
- ¡El Destructor!
Tubo que saltar a un lado para no se arrollado. El camión cogió los restos de Tras con una grúa, y los echó al contenedor que tenía detrás. Yon aprovechó para subirse en él. A una velocidad endiablada, se dirigieron a las montañas que se dibujaban siniestras en el horizonte bajo la luna de neón.Llegaron al Gran Vertedero. Bajo los faros del Destructor, Yon  podía ver montañas de basura que se extendían hasta donde le llegaba la vista. El destructor, vació el contenido de su contenedor, y siguió su camino. Yon se bajó, y guardo los restos de Tras en su mochila, y se puso a andar entre los desperdicios.
Al cabo de un rato, escuchó una alarma, fue hacia allí, y vio un camión de basura como el del Destructor, pero éste no echaba fuego. Se subió en él. Parecía funcionar automáticamente, sin nadie que lo condujera.
El camión recogía basura con la grúa, y la echaba en el contenedor. Vio montones de esos camiones, que se afanaban por recoger los desperdicios, y todos, se dirigían ordenadamente hasta una oscura fábrica llena de grúas y chimeneas que echaban un humo negro y denso.
Se pusieron en una fila de camiones que se perdía dentro de la fábrica. La fila avanzaba lentamente entre grandes maquinarias, grúas y cintas transportadoras. No parecía haber nadie allí. Yon observaba todo con los ojos bien abiertos.
Se bajó del camión. Vio como éstos vaciaban su contenido en una cinta transportadora que desaparecían en una enorme máquina que bufaba y echaba vapor entre sus chirriantes engranajes. La rodeó hasta su parte trasera, de donde salían cintas transportadoras que contenían materiales de la misma composición.
- ¡Es una fábrica de reciclaje!
Se subió a una de las cintas, si las leyendas eran ciertas, le llevaría hasta casa.
La cinta transportadora llevaba plásticos. Terminaba un poco más adelante.
Al llegar a su fin, yon miró hacia abajo, no se veía nada, pero cerró los ojos y se dejó llevar. Cayó en una vagoneta, que recorría una vía a toda velocidad. La vagoneta subió, bajó, y cogió curvas cerradas, como una montaña rusa. Yon se lo estaba pasando muy bien. Entonces llegó a un túnel de luces brillantes, como el que había atravesado al pisar la baldosa; y sin saber como, apareció de nuevo en la oficina donde estaba su madre. Esta le buscaba por todas partes.
- ¡Pero donde te habías metido! - gritó al verle - ¡ya no se que hacer contigo! ¡venga, vámonos! - dijo cogiéndole de la mano. Yon no se resistió.
¿Habría sido todo un sueño?, ¿se lo habría imaginado?
Llegaron a casa. Yon se tumbó en la cama, estaba cansado por la aventura. Entonces se acordó de Tras, y fue corriendo a abrir la mochila: ¡allí estaban!, ¡las piezas de Tras! Cogió sus herramientas, y se puso manos a la obra.
Pasó toda la noche atornillando, soldando y empalmando cables, hasta que Tras volvió de nuevo a funcionar.
-¿Donde estoy? - dijo al encenderse las luces de su rostro.
- ¡Tras, amigo!, ¡funcionas! - dijo abrazándolo con fuerza.
- ¡Me vas a descacharrar!
- Perdona, estoy tan contento.
Cuando la madre de Yon vio a Tras, pensó que era otro de sus cacharros inútiles, lo que no se podía imaginar era que en realidad era su mejor amigo.

Tras estaba fascinado con el mundo de los hombres, aquellos seres cubiertos por ese material tan extraño que llamaban carne. Allí vio a los seres puros, y a otros muchos, pero la mayoría, a diferencia de él, no funcionaban por si mismos, y necesitaban electricidad o pilas.
- Oye Tras - le dijo Yon un día - tenemos que encontrar al Montador - sólo él podrá salvar tu mundo. ¿Como podemos dar con él?
- Los Libros Sagrados cuentan que un día El Montador cogió unos aparatos rotos e inservibles y creó algo nuevo con ellos, que volvió a funcionar. Desde entonces se dedica a eso, él creó La Ciudad de los Desperdicios.
Yon se quedó pensativo.
- ¡Claro, eso es!, ¡el chatarrero!, recuerdo que recogía todos los aparatos estropeados o que ya no se usaban, ¡vamos!
Tras se puso un abrigo largo de yon y un sombrero de su padre, que practicamente le tapaban por completo, y se fueron a la vieja chatarrería. Un cartel de cerrado colgaba de la puerta. Por el aspecto abandonado de la casa, parecía que llevaba mucho tiempo así. En el patio se amontonaban aparatos oxidados. Llamaron a la puerta.
- ¡Voy , voy! - escucharon.
La puerta se abrió; un hombre mayor y de aspecto desaliñado les miró con aspereza.
- ¿qué queréis?
- ¿Eres el chatarrero? -  preguntó Yon.
- Ya no.
Iba a cerrar la puerta cuando se fijó en Tras; y le miró fijamente.
- Así que se trata de esto - dijo para si - entrar, entrar.
La casa se encontraba llena de trastos, como el patio.
- Viene de allí, ¿no es así chico? - le preguntó a Yon señalando a Tras.
- ¡Es la casa del Montador! ¡no me lo puedo creer!
- ¿Habla? - dijo sorprendido el chatarrero.
- En su mundo todos lo hacen.
- ¿has estado allí.?
- Si, pisé una baldosa y acabé allí.
Yon se contó su peripecia en El Mundo de los Deshechos.
- ¡Fascinante!, ahora te contaré mi historia:
Vengo de una estirpe de chatarreros, mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo,.....todos se dedicaron a recoger chatarra y a venderla, por eso siempre me he visto rodeado de trastos y aparatos inservibles. De niño, en vez de ir al parque a jugar, me quedaba en el patio destripando y aprendiendo como funcionaban aquellas máquinas ahora inútiles, ¡me fascinaban!; y lo aprendí, ¡vaya que si lo aprendí! Pero yo quería crear cosas nuevas, distintas; y lo hice. Entonces pasó algo increíble, verás: Con un viejo ordenador, un tostador y el motor de un cortacéspedes, construí mi primer robot, que se movía y funcionaba con pilas. Una noche, el robot se puso en funcionamiento ¡el solo!,  y salió de la casa. Le seguí hasta una vieja fundición abandonada, y se subió a un montacargas polvoriento. Este se puso en marcha, por arte de magia, y descendió hasta perderse de vista. De nuevo el montacargas subió, y el robot ya no estaba. Armándome de valor, me subí al montacargas, pero no pasó nada.
Desde aquel día , construí un montón de autómatas de todo tipo, y todos, tarde o temprano, se dirigían a la vieja fundición, para desaparecer por siempre.
- ¡Entonces tu eres el constructor de la ciudad de donde viene Tras!
- Eso parece.
- Pues tienes que seguir construyendo o desaparecerá.
- No, no, ya no puedo construir nada. Padezco una enfermedad que me afecta a los huesos.¡Llevo años sin coger un martillo!
-Yo si puedo hacerlo, si me enseñas, yo lo haré por ti.
El viejo chatarrero se quedó pensativo, y al cabo de un rato, esbozó una gran sonrisa.
- ¡De acuerdo, tu serás mis manos!

La chatarrería se volvió a abrir, y nuevos y deslumbrantes cacharros inútiles volvieron a invadir su patio. Dentro de la casa, se escuchaban día  y noche el ruido de martillos, soldadoras y demás herramientas, y La ciudad de los Deshechos se llenó de nuevo de extraños e imaginativos autómatas. ¡Y que decir de Yon y Tras, convertidos en inseparables amigos del alma!









domingo, 21 de agosto de 2016

El árbol de música

Llevaba meses intentando acabar la partitura que le habían encomendado. Se trataba de una ambiciosa obra en la que llevaba años trabajando, y a la que sólo le quedaba su último movimiento.
Paseaba por el bosque buscando inspiración cuando se puso a llover. Se refugió debajo de un árbol. Vio un resplandor, y a continuación escuchó un trueno; la tormenta estalló encima de su cabeza. Sabía que era peligroso guarecerse de ella debajo de un árbol, ya que sus ramas atraen los rayos, por lo que corrió hacia unas rocas que formaban una pequeña cueva. Empapado y temblando de frío, se sentó en el suelo, encogiendo sus piernas para intentar entrar en calor. Entonces escuchó una bellísima melodía acompañada de percusiones y violines. ¿De donde provenía esa música?, ¿Qué increíble orquesta tocaba de aquella manera bajo la tormenta? ¡Pero lo más increíble, fue que reconoció en aquella música el movimiento final que había estado buscando durante meses para su gran obra!
Salió de la cueva corriendo, y se dirigió al lugar de donde provenía la música. Entonces la tormenta se calmó, y dejó de llover. En ese momento la música paró, dejando al músico desconcertado. Buscó por los alrededores alguna casa o lugar de donde podría haber salido la música, sin encontrar nada.
Al llegar a su casa, transcribió lo que había escuchado en el bosque, y terminó la partitura de su gran obra con gran satisfacción, a pesar del resfriado que había pillado.

La obra fue un gran éxito, pero el músico estaba inquieto, ya que el último movimiento no lo había compuesto él.
Se dirigió de nuevo al bosque donde escuchó la melodía, y se sentó en la cueva como la vez anterior.
De nuevo, una tormenta rompió el cielo en mil pedazos, y la música volvió a sonar.salió corriendo de la cueva, y se dirigió hacia donde procedía la música: ¡Era un árbol! El viento se colaba por sus ramas huecas produciendo sonidos como de flauta y clarinete, acompañados por rítmicas percusiones al caer las gotas de agua sobre sus gotas, e imaginativas armonías que provenían de la tierra, al rasgar el agua de un río subterráneo las raíces, como si fueran violines y violonchelos. Sacó una libreta y anotó la música que producía el árbol, maravillado por su hermosura.
Fue otro gran éxito, la carrera del músico ascendía como un cohete; no tenía más que acercarse al árbol cuando había tormenta, y copiar la música que de él surgía. Pronto dejó de componer, y se volvió ambicioso y ruin a pesar del éxito.
Se avecinaba una violenta tormenta. Las autoridades dieron la alerta roja, prohibiendo a los ciudadanos salir de sus casas. Pero al músico le habían hecho un importante encargo, y tenía que componer algo como sea.
Haciendo caso omiso a la prohibición, fue al bosque donde se encontraba el árbol de música. Zarandeado por el viento, llegó hasta él: De sus ramas parecían surgir gemidos espantosos, las hojas golpeadas por las gotas con un caótico ritmo acompañaban los chirridos que producían las raíces arañadas por el río subterráneo. Se llevó las manos a los oídos para no escuchar la infernal melodía. Entonces un rayo hirió al árbol, incendiando su tronco, y electrocutando al músico que se encontraba debajo.
Una vez amainada la tormenta, el guardia forestal encontró al músico medio muerto, y le llevó al hospital más próximo.
Pasó dos años en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte, pero milagrosamente se recuperó, aunque no del todo, ya que el rayo le hizo estallar los tímpanos, dejándole sordo.
Aún así, el músico fue capaz de componer, tal como lo había hecho antes de encontrar El árbol de música, y de nuevo el éxito le sonrió.
Nunca desveló su gran secreto; cada vez que había tormenta, se acercaba al Árbol de música, que ahora era un tronco quemado, y escuchaba en su cabeza las más hermosas melodías.

viernes, 12 de agosto de 2016

El niño poesía y el heladero mágico (1) en: "La mascota imaginaria"

Hoy era un día triste, la abuela de Marta acababa de morir, y se celebraba el funeral. En el cementerio todos lloraban; todos menos Marta.

-¡Luci, Luci!, ¿dònde estás?
Marta miró detrás del sillón, en el trastero, debajo de la cama,.........nada, Luci no aparecía por ningún lado. Pasaron los días, y Luci seguía sin aparecer.

En la vieja fábrica de helados, Félix ponía a punto uno de sus últimos inventos. Entonces entró Asier.
- ¿Què haces? - dijo sobresaltando al heladero.
- ¡Por Dios!, ¡eres más silencioso que un gato.
- Lo siento.¿Qué es esta máquina?
- Es "el materializador de fantasías", con ella puedes meterte en las fantasías de los demás.
- ¿Las hace realidad ?
- Crea una realidad holográfica interactiva partiendo de las fantasías del sujeto..............., bueno en definifiva es como si entraras en su cabeza y vivieras sus fantasías.
- ¡Guau!, ¡Qué interesante!
- Si, pero es peligros, podrías acabar atrapado en ellas para siempre.
- ¿Podemos probarla?
- Podemos y debemos, tenemos un caso en el que será necesaria su utilización.
- ¿De qué se trata?
- Ya conoces a Marta, una niña que va a tu colegio.
- Marta.....................esa niña tan reservada.
- La misma, resulta que ha perdido a Luci, su mascota.
- ¿Su mascota?, ¿ y para que necesitamos "El materialización de fantasías"?
- ¡Pues para encontrarla!, ¡como si no!
Asier se quedó extrañado.
- Bueno se me ha olvidado comentarte que Luci es una mascota imaginaria.
- ¡Ah bueno!, ya lo entiendo.
- Marta estará por venir.
En esos momentos sonó el timbre.
Marta entró timidamente en el cuartel general de nuestros héroes.
- Tranquila - le dijo Félix ofreciéndole unos helados. Cuando se tranquilizó, se sentaron los tres en unos butacones, y se pusieron unos cascos que estaban conectados a una extraña máquina con forma de pirámide invertida sobre un cubo: "El materializador de fantasías".
- Ahora Marta tienes que recordar la última vez en la que jugaste con Luci.
Los tres cerraron los ojos. Las luces de la pirámide empezaron a parpadear, y de pronto, se encontraron en una selva; ¡unos nativos les perseguían! Asier se quedó mirando como las lanzas y las flechas pasaban cerca de su cabeza, y se clavaban en los árboles.
- ¡Ala, es superreal! - dijo.
- ¡No te quedes quieto, corre!- grito Félix
- Pero si no es de verdad.
- ¡Es como si lo fuera!, ¡vamos! - dijo el heladero agarrándole del brazo. Marta ya había salido corriendo, Luci, su perrito, le seguía asustado.
La jungla se iba cerrando, la exuberante  vejetación les dificultaba el paso. Tras apartar unas grandes hojas, encontraron las ruinas del un antiguo templo.
- Aquí estaremos a salvo - dijo Marta - los indígenas no se atreven a entrar aquí.
Efectivamente, éstos agitaban sus lanzas y gritaban en las lindes del templo.
- Es aquí donde se perdió Luci -le preguntó a Marta Félix mientras recuperaba el aliento.
- Si, ahora saldrá corriendo como si algo le asustara.
Y así ocurrió.
- ¡Pues a buscar! - dijo Félix - iremos cada uno por un sitio para abarcar todas las ruinas. Nos reuniremos aquí. ¡En marcha!
Al rato, se reunieron en el punto que habían acordado.
- ¿Habéis encontrado algo? - Preguntó Félix.
- Yo no - dijo Asier - pero vi una extraña estatua que me causó impresión. Se trataba de una especie de demonio con alas de murciélago, cuerpo de serpiente y 6 brazos; llevaba además una horrible máscara.
- ¡El devorador! - gritó Marta asustada - ¡ Ha sido él! ¡se ha llevado ha Luci!
- Tranquila Marta, ¿Quien es El devorador?
- Es un demonio intergaláctico que se alimenta de almas.
- Llévanos hasta la estatua Asier.
Fueron los tres hacia allí, Mata se encontraba visiblemente alterada.
La estatua era realmente conmovedora. De pronto, dos luces rojas empezaron a brillar en los orificios de los ojos de la máscara, y los seis brazos que salían del cuerpo de serpiente empezaron a moverse.
- ¡ Está volviendo a la vida! - gritó Asier.
El demonio empezó a lanzar rayos por los ojos, destrozando ramas que caían sobre nuestros amigos. Corrieron hacia unos grandes setos, que formaban un laberinto, donde perdieron de vista al demonio, y donde ellos, también se perdieron.
Andaron durante mucho tiempo entre los grandes setos, dando vueltas y más vueltas, hasta que llegaron a un muro que les impedía seguir. De pronto, entre los setos, aparecieron zarzas, que crecían y crecían. Estas aparecían por todas partes, rodeándoles, y amenazándoles con insertarles en sus espinas como espadas.
- ¡Vamos hacia allí! - gritó Marta señalando una campanilla de tamaño gigantesco.
Marta llegó la primera, y saltó dentro de la flor. Asier y Félix se miraron sorprendidos, y al ver los afilados pinchos que amenazaban con convertirles en pinchos morunos, saltaron también dentro de la campanilla.
Fue como bajar por un larguísimo tobogán a toda velocidad.
Los dos rodaron por el suelo. Al levantar la vista, vieron a Marta que miraba fijamente un gran cartel:
" Divertilandia, el centro comercial más divertido."
- ¡Entremos, venga! -  dijo entusiasmada.
Dentro había de todo: Chuches, juguetes, disfraces, txiki-park, cine, Mc Donals, ¡y todo gratuito!
Ah!, y tienda de mascotas, donde fueron a buscar a Luci. En ella había todo tipo de mascotas: monos, cocodrilos, serpientes, unicornios, dragones,¡hasta dinosaurios!, pero ni rastro de Luci.
Mientras Marta se divertía en el txiki-park, Félix y Asier comían hamburgesas en el Mc donals.
- Es como si en realidad tuviera miedo de encontrar a Luci - comentaba Asier, al ser capaz de ver sus emociones con su superpoder.
-  Es posible.tenemos que estar muy atentos a lo que sienta, y hacer todo lo que ella quiera hacer, aunque nos parezca extraño.
Al rato, se dirigieron a Información, Marta pensó que quizás allí les podrían decir algo.
Siguieron las señales hasta unas escaleras que llevaban a  un piso superior donde se veía desde todas partes un gran cartel donde ponía Información, allí debería estar la oficina. Pero eran unas escaleras muy extrañas, cada vez que subían un peldaño, éste bajaba, y se quedaban en el mismo sitio, y cuanto más rápido querían subir, más rápido bajaba el peldaño.
- Es imposible subir - dijo Marta frustrada. Entonces, se abrió una trampilla al principio de la escalera, y éstas empezaron a bajar, como si fueran mecánicas. Pasaron entre extraños mecanismos y engranajes, y siguieron bajando.
- ¿Hacia donde vamos? - peguntó Asier - Marta está aterrada.
- No es para menos, creo que estamos bajando al subconsciente. ¡Quien sabe lo que nos espera allí!
Llegaron hasta un bosque con un extraño paisaje ¡donde crecían brócolis y tenedores gigantes!
- ¿Qué significará esto? - dijo el heladero.
- Recuerdo que una vez Marta se pinchó con un tenedor en el comedor, y todos se rieron de ella.
- Ya claro, y odia el brócoli como todos los niños.
Entonces escucharon un ladrido.
- ¡Luci, es Luci! - grito Marta mientras corría hacia el lugar del que provenían los ladridos.
De pronto el suelo empezó a temblar, y la tierra se abrió, surgiendo de ella "El devorador". Su tamaño era gigantesco.
- ¡Correr! - gritó Félix.
Pero el monstruo les atrapó con sus seis brazos alzándolos por encima de su cabeza.
- ¡Marta! - dijo Asier - tienes que quitarle la máscara.
- ¡No puedo, no puedo!
Una enorme boca con varias filas de dientes se abrió en el pecho del devorador, y hasta allí acercó su mano con intención de tragarse al  heladero.
- ¡Vamos Marta, tienes que hacerlo, o nos comerá a todos, sólo tú puedes hacerlo! - insistió Asier.
- ¡Basta! - gritó Marta.
El devorador le miró extrañado, entonces Marta agarró la máscara que cubría su cara y la arrancó.
Detrás se encontraba el rostro dulce ya arrugado de su abuelita, y con un fogonazo que cubrió al devorador, su cuerpo de serpiente se convirtió en el frágil cuerpecito de la anciana.
La abuela y la niña se fundieron en un fuerte abrazo.

- Ahora si que podemos dar por zanjado el caso - decía Félix
- No creas, Luci a vuelto a desaparecer.
- Si pero ya no creo que le importe.
Marta antes de dormirse, cogió la fotografía que tenía en la mesilla en la que se encontraba abrazada a su abuela, y después de besarla la puso de nuevo en su sitio.

(1) El niño que inventaba palabras y el hombre que las entendía




sábado, 23 de julio de 2016

Disneyland

Fueron las mejores vacaciones de mi vida. Mi prima Lauri y yo fuimos a pasar unos días con mis padres a un camping cerca de París. Lo que no sabíamos era que a media hora de allí ¡se encontraba Disneyland!
Al día siguiente de llegar al camping nos dijeron que íbamos a ir a un lugar muy especial donde lo pasaríamos en grande. Ya en la carretera, había carteles con el rostro de Mickey, lo que nos ilusionó, pero cuando vimos delante de nosotros los mágicos torreones del palacio de La Bella Durmiente, pasamos de un estado de absoluta perplejidad a otro de excitación máxima.
¡Era todo increíble! : La casa de Peter Pan, La Cueva de los Piratas, El Laberinto de Alicia,............¡estaban todos!, princesas, brujas, enanos...................
Nos montamos en todas las atracciones: Tazas que daban vueltas y vueltas, Dumbos voladores que subían y bajaban a nuestra voluntad, barcas navegando entre música y muñecos que bailaban, trenes que circulaban a toda velocidad, y el majestuoso tiovivo del rey Arturo, con los más poderosos y bravos corceles que habíamos visto nunca, lanzados a pleno galope.
Hubo dos momentos realmente mágicos, cuando vimos el espectáculo de Fronce, en el que vestidas de Elsa cantamos junto a ella y Ana las canciones de la película, y cundo fuimos invitadas a la mismísima casa de Mickey, ¡donde nos recibió en persona!
A media tarde, nos sentamos en una mesa, rendidos, a tomar un helado y recuperar fuerzas.
- Oye Lauri - le dije a mi prima - ¿Donde dormirán las princesas? Seguro que en el hotel que hemos visto a la entrada. Aunque Elsa pasará calor, a ella le gusta la nieve.............
- ¡No seas tonta!, ¡no son princesas de verdad!, ¡son actrices!
- ¡No!, ¡son reales, igual que Mickey y los demás!
- No discutáis chicas - dijo mi madre.
- ¡Mamá! ¿verdad que son reales?
- Bueno.........no se.
Una vez terminados los helados, fisgamos en las tiendas, acabando cargados de bolsas con vestidos camisetas, tiaras, chuches,..........,¡era todo tan bonito!
Yo, seguía en mis trece;
- Pues Elsa debe de tener el aire acondicionado a tope, y un congelador gigante para Olaf.
- ¡Que no son reales! - gritó Laura. Entonces tuve una gran idea;
- Podríamos seguir a la cabalgata cuando termina, y así podríamos ver donde viven.
- ¡ Estás loca...........!, bueno está bien, haber si así te caes del burro.
Y así lo hicimos.
Con una pegadiza y emocionantísima canción que invitaba a bailar, empezó la cabalgata; las hadas que parecían flotar sobre el suelo abrían paso a las carrozas, donde desfilaron todas las princesas y los demás personajes, sin parar de bailar y saludar a todo el mundo con gran simpatía.
Aprovechando que mis padres se afanaban en grabar el desfile con el móvil, nos colamos en la carroza del Rey león, escondiéndonos entre unas grandes hojas.
- ¡Nos la vamos a cargar! - dijo Lauri. Yo también tenía miedo, pero era más fuerte mi curiosidad.
- No te preocupes, merecerá la pena - le dije.
Lo que os voy a contar ahora, pocas personas lo saben, ¡es un secreto!; peo no me puedo aguantar, además dice Lauri que nadie me creerá, y es mejor que así sea.
Las carrozas pasaron por una gran puerta por la que se salía del parque, y por la que no dejaron pasar a nadie. Desde nuestro escondite vimos como Mougli, Bagera y los demás, dejaban de bailar y sonreír, y hablaban entre si. Se les veía cansados. La música dejó de sonar, y avanzamos unos metros por un camino rodeado de grandes árboles, hasta llegar a una enorme piedra. Entonces, Adalino se adelantó y dijo en voz alta:
- ¡Abrete, sésamo!
La enorme roca rodó sobre si misma, dejando a descubierto una cueva de la que surgía una intensa luz.
Lo que allí vimo, superaba con creces todo lo visto en el parque, incluso nuestros más disparatados sueños:
Grandes puertas daban paso a los mágicos reinos de las princesas. Junto al reino helado de Fronce, se encontraba el palacio de La Bella y Bestia, al lado del País de Nunca Jamás y la sabana del Rey León......
y cada carroza se adentró en su reino, donde princesas y demás, disfrutaron de un merecido descanso.
La bronca que nos ganamos cuando volvimos al parque fue monumental, menos mal que Mickey intercedió por nosotros, alegando que nos habíamos perdido.

Las aventuras que vivimos en los reinos de los cuentos merecen una mención aparte; y lo mejor de todo fueron las setas que nos dio el gato de Alicia, con las que podemos volver a ellos siempre que queremos, o volando de la mano de Peter Pan, en la alfombrar de Jazmín, dando un silbidito.....................



viernes, 17 de junio de 2016

Calabaracín (el niño que creció de una calabaza): La granja

¡Hola!, soy un niño de seis años, pero soy un niño un tanto especial. Mi nombre es Calabaracín, ¿Sabéis porqué?, ¡porque nací de una calabaza!, lo que oís, el granjero cogió una enorme calabaza que crecía en su huerta para hacerse un pastel, la abrió ¡y se encontró conmigo!, como pulgarcita, que creció de una flor; pero no creo que fuera por el hechizo de un hada. Salí de la calabaza ya crecido, aunque no sabía nada de nada, no había ido al colegio para aprender, y todo era nuevo para mi. El granjero que me encontró andaba  muy ocupado con sus vacas, ovejas, tomates, lechugas y demás, por lo que no tenía tiempo para enseñarme nada, y la verdad, tampoco era muy listo. Tampoco tenía dinero para mandarme a la escuela, por lo que tuve que aprender todo por mi mismo.
Pero empecemos por el principio. El día en el que me encontró Fred, que así se llamaba el granjero, me dijo muy serio:" Hijo, soy un hombre muy ocupado, por lo que no voy a poder atenderte, pero aquí tendrás siempre un plato caliente y una cama mullida".
Es un buen tipo, aunque un poco corto de entendederas. Se levantaba con el sol, y se ocupaba de todas las tareas de la granja hasta que se volvía a poner, acostándose rendido de tanto trabajar. Yo procuraba molestarle lo menos posible, y aprender por mi mismo tantas cosas maravillosas que me rodeaban.

Me fascinaban las vacas; se notaba que eran las más sabias y respetadas. Con movimientos pausados, movían sus voluminosos cuerpos por los pastos, preocupadas únicamente en comer hierba. Pero cuando te acercabas, se te quedaban mirando con esos grandes ojos, profundos, que parecían conocer todos los misterios del universo...............
En segundo lugar, por rango de importancia, estaban los caballos: ¡Qué porte!, ¡qué majestuosidad!, sobre todo cuando trotaban por el prado con las crines al viento. Eran como príncipes altivos, pero como ellos, impetuosos e ingenuos.
Pero allí los que manejaban el cotarro eran los cerdos; fuertes y agresivos, retozaban por el barro después de devorar todo lo que veían sus ojillos codiciosos. Era mejor no entrometerse en sus asuntos, podías acabar con un buen mordisco, o un pisotón.
Las orgullosas cabras, también tenían su parcela de poder, pero su individualidad les volvía más débiles.
Las ovejas y las gallinas ocupaban lo más bajo del escalafón social., tímidas las primeras y asustadizas las segundas, correteaban todo el día por la granja en busca de alimento, siempre con el corazón en un puño.

viernes, 10 de junio de 2016

Nassem y las gafas mágicas (3)

Algo increíble sacudió los monótonos y grises días del campamento; un afamado director de cine fue allí para filmar escenas de un documental que estaba realizando. El director, en bermudas y chaleco, daba instrucciones al cámara y a los técnicos de sonido, que se afanaban en su labor ante el tumulto de curiosos que se agolpaban alrededor de ellos. Nassem, que se encontraba a unos metros, vio como el director llamó a alguien de entre la gente; se trataba de Abdul. Le dijo unas palabras, y subieron los dos al helicóptero en el que había llegado el famoso director, alzando el vuelo y ahuyentando a la muchedumbre con los remolinos que levantaban las hélices.
Nassem se llevó la mano al bolsillo donde llevaba las gafas mágicas, y como se había imaginado, no estaban allí: Abdul se las había robado.

La situación de los refugiados Sirios no cambiaba, por la indiferencia de los mandatarios europeos, Y la vida en el campo de refugiados de Lesbos se volvía cada vez más insostenible. Pero Nassem no se rindió, y saliendo del círculo vicioso en el que habían caído la mayoría de sus compañeros, se propuso ayudar a las personas que le rodeaban en todo lo que pudiera. Así, llevaba comida a una anciana que casi no  podía andar, cuidaba en la enfermería a un hombre enfermo que no tenían a nadie que le acompañase, e incluso enseñó a leer y escribir a un niño huèrfano como él.
Al cabo de un tiempo, fue enviado a una casa de acogida junto con otros niños huérfanos, y allí fue adoptado por un matrimonio alemán, que cuido de él e incluso le procuraron estudios. Fue a la universidad, donde estudió derecho, y cuando se licenció, fundó una asociación para ayuda a los refugiados de guerra, que tuvo un gran reconocimiento internacional por la intensa labor que realizaba Nassem.
También conoció una chica con la que se casó y tuvo 2 hijos, formando así la familia que había perdido en el bombardeo.

Nassem se encontraba dando una conferencia sobre derechos humanos en la universidad de harvard. Cuando terminó, entre los aplausos  y el reconocimiento del público, se le acercó un hombre de su misma nacionalidad, que escondía su rostro marcado por los excesos en unas gafas oscuras.
- Nassem, hermano, ¿Me recuerdas? - le dijo.
- ¡Abdul!
- Veo que te va bien.
Se dieron un emotivo abrazo.
- ¿Qué me cuentas?
Abdul se quitó las gafas; vio en sus ojos el cansancio y la derrota.
- No me ha ido tan bien.
- ¿No ganaste un Oscar?
- Si, el director que me descubrió en el campamento de refugiados me dio un papel en una de sus películas, y si es cierto que gané un Oscar, y me hice muy popular,pero caí en las drogas y el lujo, sabes, podía conseguir todo lo que quería..............pero no sabía en realidad lo que quería. Veo que tu si.
- ¿Puedo ayudarte?
- No, no, gracias. Quería devolverte algo.
Abdul sacó unas gafas del bolsillo de su cazadora, cuyo estuche reconoció al instante, y se las dio.
- No me han servido de mucho. Perdona.
Y se marchó con lo mirada baja.
Nassem abrió el estuche, y  sostuvo las gafas en su mano un instante. Luego las guardó y se las metió en el bolsillo. Nunca más volvió a ponérselas, no le hizo falta.